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Cómo hablarle a niños y adolescentes sobre enfermedades

Las enfermedades no escapan de la atención de todos. Los niños y adolescentes en estos días están muy atentos a mucha información y de alguna manera siempre saben las cosas que pasan en la casa o lo sospechan, pues son muy sensibles a los cambios en el ambiente familiar, por lo que pueden detectar rápidamente que algo está ocurriendo.

En muchas ocasiones, no se informa a los hijos del diagnóstico de una enfermedad importante para protegerles o porque no se sabe cómo decirles lo que está ocurriendo. Se tiende a pensar que no entenderán lo que está pasando y por ello se crea un ambiente de silencio y aislamiento a su alrededor. Sólo si están informados podrán expresar sus miedos, sus sentimientos, disminuir los sentimientos de culpabilidad y sentirse más tranquilos y partícipes de la situación familiar.

De esta forma, ellos también se podrán adaptar a la nueva situación. Informar nunca es fácil. Se recomienda informar a los hijos lo más pronto posible, adecuando las palabras, la cantidad y el tipo de información según la edad de cada niño y características particulares, proporcionando la información poco a poco para que la puedan ir asimilando.

Reglas importantes al hablar sobre enfermedades

  • Nunca mentir. No decir la verdad puede suponer que el niño pierda la confianza en los padres, aumentando su inseguridad y desconfianza. Los inconvenientes de no informar son mayores que los beneficios hay que enfatizar que “nada de lo que haya hecho causó esta enfermedad” asegurándole en todo momento que no es culpable.
  • Si un niño o adolescente no pregunta sobre las visitas al médico, no se ha de asumir que el niño no está interesado. Independientemente del interés que muestre, es importante compartir con los hijos la nueva información o las visitas médicas realizadas.
  • Los menores pueden tardar semanas, meses o años en asimilar el diagnóstico y la información. Se ha de intentar estar presente cuando tenga preguntas, el niño/a ha de saber que no importa lo difícil que sea el tema, que siempre se pueden expresar dudas o compartir los sentimientos.
  • Se ha de tener cuidado, sin embargo, de no proporcionar más información de la que el menor quiere o está preparado para escuchar. Limitar las explicaciones a lo que pregunte o a lo que deba saber, sin dar explicaciones largas ni complicadas.
  • Aprender a contestar “no lo sé” a preguntas que para ti no tienen respuesta es lo mas acertado, n te sientas mal por eso.
  • Si es preciso, se ha de informar bien al menor de las medidas de prevención y factores de riesgo que tiene que tomar pero de una forma sencilla, clara y no alarmista, normalizando la situación y facilitando la incorporación de estas medidas en su rutina diaria.
  • Las reacciones de los hijos ante el diagnóstico de la enfermedad pueden incluir algunas reacciones similares a las de los adultos como  Negación, miedo, tristeza, etc. Sin embargo, la manera de reaccionar de los menores está en cierto grado influenciada por cómo los padres, o adultos de su entorno, reaccionan ante la situación.
  • También es aconsejable informar en el colegio de la situación familiar que está viviendo el niño. Informarles permitirá detectar y prevenir posibles problemas futuros. Algunos menores pueden manifestar problemas de concentración, de comportamiento, somatizar (dolores abdominales, de cabeza, etc.) o simplemente disminuir el rendimiento escolar.

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