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Hígado graso y diabetes, una combinación mortal

Por Dra. Raquel Cano
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Es fundamental el control metabólico en los pacientes con diabetes para evitar las complicaciones crónicas de la diabetes mellitus. Tener hígado graso y padecer diabetes es una combinación muy común, con mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, desarrollo de cirrosis hepática y cáncer de hígado.

A continuación, se explicará de manera detallada qué es la diabetes, cómo puede afectar el hígado y qué hacer para disminuir las complicaciones.

 

La diabetes es un síndrome caracterizado por elevación de la glicemia (glucosa en sangre) en condiciones donde no hay producción de insulina (Diabetes tipo 1) o resistencia a la acción de la misma (Diabetes tipo 2) en órganos como hígado, músculo y tejido adiposo.

La insulina es la hormona que estimula el aumento del peso corporal favoreciendo a nivel hepático la transformación del exceso de azúcares y almidón de la dieta en triglicéridos que son enviados al tejido adiposo para ser almacenados e incrementar de esta manera el peso corporal. Por otro lado, las hormonas contrainsulínicas hacen lo opuesto de la insulina, es decir movilizan las grasas desde el tejido adiposo hacia el hígado y los músculos a través del torrente sanguíneo.

En la diabetes existe predominio en los efectos metabólicos contrarios a la hormona insulina produciéndose alteraciones en el metabolismo de los azúcares, las grasas y las proteínas.

¿Cómo afecta al hígado?

Cuando en la diabetes, por deficiencia en la actividad insulínica, las hormonas contrainsulínicas asumen el control del metabolismo, se activa un proceso bioquímico conocido como Lipólisis que descompone los triglicéridos almacenados en tejido adiposo en ácidos grasos y glicerol, los cuales son enviados al hígado. Estos ácidos grasos pueden ser parcialmente oxidados o quemados por el hígado o transformados nuevamente en triglicéridos para ser reenviados por vía sanguínea al tejido adiposo, el cual no los recibe, por falta de actividad insulínica incrementándose los triglicéridos en sangre y el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Los ácidos grasos que llegan al tejido hepático y que no son reenviados al tejido adiposo en forma de triglicéridos y que tampoco sufren oxidación, quedan almacenados de forma anormal constituyendoel inicio del hígado graso en los pacientes con diabetes, originando así en el paciente que no logra un control adecuado, un proceso inflamatorio crónico en el hígado que causa cirrosis hepática y/o cáncer de hígado.

Por estos motivos, es fundamental el control metabólico. ¿Cómo lograrlo? Siguiendo estos sencillos consejos:

  1. Alimentación balanceada indicada por especialista en nutrición y dietética.
  2. Realizar actividad física aeróbica.
  3.  Control periódico con equipo multidisciplinario de especialistas en endocrinología, médico internista, médico familiar, psicología, nutrición y dietética, hepatólogos, entre otros.
  4. Cumplimiento estricto del tratamiento indicado como hipoglicemiantes orales (glibenclamida, glimepiride), sensibilizantes (metformina), o la administración de insulina de acuerdo al esquema indicado por el médico, para así evitar no solo las complicaciones crónicas de la diabetes.
  5. En casos de dislipidemia (colesterol y triglicéridos elevados) el tratamiento con fármacos indicados por el especialista disminuye el riesgo de mortalidad cardiovascular y la disminución progresiva de la enfermedad grasa hepática.

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