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Nuevas pruebas determinan las células malas en las personas con esófago de Barret

Por Dra. Maribel Lizarzábal García
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El esófago es un tubo muscular, hueco, que se extiende desde la faringe hasta el estómago, y sirve para el paso de alimento. En su recorrido, atravesando el cuello y el tórax para llegar al abdomen, se encuentra por delante de la columna vertebral, en íntima relación con distintas estructuras (aorta, nervio recurrente laríngeo izquierdo, bronquio principal izquierdo, corazón y diafragma).

El cáncer de esófago (CE) es uno de los tumores más agresivos, con una supervivencia global inferior al 20% a los cinco años. Más de la mitad de los pacientes en el momento del diagnóstico presentan enfermedad avanzada, ya  en estado metastásico. La incidencia de los distintos tipos de CE ha aumentado durante las últimas décadas.

De ellos, el carcinoma escamoso (epidermoide) sigue siendo el más frecuente en nuestro medio y supone dos tercios de los tumores. El adenocarcinoma de esófago ha aumentado y actualmente supone ya más de una tercera parte de los casos. El carcinoma epidermoide de esófago suele presentarse en el tercio superior y medio, y se asocia al hábito tabáquico y a la ingesta de alcohol, así como a un déficit nutricional, mientras que el adenocarcinoma suele diagnosticarse en el tercio inferior del esófago y en la unión esofagogástrica, se asocia al esófago de Barrett.

El objetivo es evitar el riesgo de cáncer de esófago

Aunque su incidencia no es muy alta, el de esófago es uno de los cánceres más graves, ya que suele diagnosticarse en fases avanzadas, lo que complica su tratamiento. No obstante, existen distintas formas de abordarlo. El análisis genético de las lesiones en el esófago  podría proporcionar una prueba temprana y precisa para el cáncer de esófago, según una investigación dirigida por la Universidad Queen Mary de Londres (QMUL), el Centro Médico Académico de Amsterdam y la Universidad Estatal de Arizona.

El estudio, publicado en Nature Communications, en agosto de 2016, muestra que algunas células que han nacido malas (es decir, células anormales genéticamente y que son riesgosas porque generalmente desencadenan en  cáncer) podrían ser identificadas desde el principio, evitando la necesidad de repetidas endoscopias.

El esófago de Barrett es una condición común que afecta a un estimado de 1,5 millones de personas en el Reino Unido, aunque muchos no están diagnosticados. Esta condición implica que las células normales en el esófago (tubo de alimentación) se sustituye por un tipo de célula inusual llamado esófago de Barrett, y se piensa que es una consecuencia del reflujo crónico (acidez). Las personas con Barrett tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de esófago. Aunque el riesgo general de desarrollar cáncer esofágico en personas con Barrett es mayor que en la poblacion sin Barrett, la mayoría de los pacientes de Barrett no desarrollarán cáncer en su vida. Son pocos los  desafortunados que desarrollarán un cáncer agresivo.

Una prueba basada en la composición genética de las lesiones de Barrett podría beneficiar a los pacientes, a través de un mejor diagnóstico

Actualmente no hay una manera fácil de distinguir entre los pacientes de alto y bajo riesgo de Barrett. Solo con un chequeo periódico por endoscopia es la mejor manera de diagnosticar y prevenir tempranamente el cáncer.

Una prueba basada en la composición genética de las lesiones de Barrett podría beneficiar a los pacientes a través de un mejor diagnóstico, dando a las personas con alto riesgo de cáncer la mejor atención y reduciendo la carga de la endoscopia para aquellos de bajo riesgo.

En el estudio se asegura que se ha demostrado que algunas lesiones del esófago de Barrett son “nacidas para ser malignas y, a la inversa, que algunas “nacen para ser benignas”. Una vez que estos resultados sean validados en otros pacientes y durante mayor periodo de tiempo, es posible determinar  con confianza que las personas con la forma benigna se puede evitar la endoscopia innecesaria y la preocupación. Esto mejorará dramáticamente la calidad de vida de las personas con Barrett, y proporcionará un ahorro de costes sustancial para los proveedores de salud.

La diversidad genética entre las células de Barrett de una persona se fija esencialmente en el tiempo, y las mutaciones tienen poco impacto en el desarrollo de la lesión. Cada vez que alguien de Barrett es probado, su riesgo futuro se puede predecir, independientemente de cuán pronto es después de la aparición de células anormales.

El estudio concluye que estos  hallazgos son importantes porque implican que el riesgo de una persona de desarrollar cáncer de esófago se fija en el tiempo, es decir, ahora se puede predecir desde el principio si los pacientes de Barrett caen en un grupo de alto riesgo de desarrollar cáncer.

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