Cómo evitar intoxicaciones por alcohol

Hepatitis alcohólica: ¿una enfermedad realmente reconocida?

10 de marzo de 2016

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El alcohol y su consumo excesivo son la tercera causa de muerte prevenible en el mundo, y está relacionada con alta mortalidad en jóvenes, además asociado a daño a corto y largo plazo, no solo con la enfermedad hepática, sino también con varios tipos de cáncer, lesiones por accidentes no intencionales, en lugares de trabajo, carreteras, violencia, ruptura de matrimonios, entre muchas otras cosas que podríamos mencionar. Sin embargo, al hablar de alcohol inmediatamente pensamos en la enfermedad hepática alcohólica que representa un espectro de diferentes condiciones, que van desde el hígado graso, la hepatitis alcohólica hasta la cirrosis. Tanto el hígado graso como la cirrosis son enfermedades bien identificadas en el ámbito hospitalario por ser prácticamente un problema de salud pública.

Pero, surge una interrogante: ¿Es la hepatitis alcohólica (HA) una enfermedad conocida y reconocida por todos los profesionales de la salud?

Esta patología fue descrita por Beck y colaboradores en el año 1961 (1), cuando observó el reporte de casos en pacientes con ictericia después de un consumo excesivo de alcohol.

¿Qué es, entonces, un consumo excesivo del alcohol? Existen diferentes investigaciones, que han intentado en el tiempo, determinar cuánto alcohol debe consumirse para desarrollar enfermedad hepática, el riesgo siempre aumentarña cuando las dosis se incrementen. Consumir más de 30grs al día pone en riesgo de 1% para desarrollar alguna de las categorías anteriormente mencionadas, sin embargo se conoce que un consumo de 30 a 60gr/ día tiene una prevalencia de 5,7% y el mayor riesgo con 120g/día, de desarrollar enfermedad hepática crónica (2).

La HA es un síndrome clínico de inflamación aguda hepática, que presenta como síntoma cardinal, ictericia de rápida aparición, otros síntomas comunes, incluyen fiebre, aparición de ascitis aguda, pérdida de masa muscular y hepatomegalia (2). La HA puede aparecer en cualquier momento de la enfermedad hepática alcohólica, aunque en la mayoría de los casos aparece en pacientes con una fibrosis avanzada o con una cirrosis hepática (3).

El cuadro clínico se acompaña de unas lesiones histológicas características como esteatosis, infiltrado inflamatorio preferentemente de polimorfonucleares, balonamiento celular y cuerpos hialinos de Mallory-Denk. Las formas severas cursan con falla hepática asociada a una morbilidad y mortalidad, estimada en un 30 al 50 % se describe que esta enfermedad, se desarrolla en pacientes, posterior a consumo elevado de alcohol (100 g/día) por un tiempo prolongado, lo que hace de esto un evento sombrío y desfavorable en la historia natural de esta patología (1). La incidencia es desconocida, pero la prevalencia fue aproximadamente de 20%, en una cohorte de 1604 pacientes con alcoholismo que se sometieron a biopsia hepática. La edad de presentación común es de 40 a 60 años y no es raro que el paciente con HA haya cesado su ingesta alcohólica varias semanas antes del comienzo de los síntomas (2).

El tipo de bebida alcohólica consumida, no parece afectar el riesgo de hepatitis alcohólica, debido a que se considera el alcohol como una hepatotoxina directa, a pesar de esto, se conoce que tan solo un 10 al 20% de los pacientes con ingesta de alcohol severa terminaran por desarrollar una hepatitis alcohólica (2). Esta paradoja no ha sido totalmente dilucidada, pero en múltiples estudios han identificado diferentes factores independientes que hacen propenso el desarrollo de la enfermedad hepática crónica (4).

Se describe principalmente que el sexo femenino es un factor de riesgo independiente para desarrollar cirrosis hepática y HA, sin embargo este hábito de consumo prevalece más en hombres lo que hace más frecuente en este sexo. Se ha reportado formas severas de esta enfermedad en mujeres posterior a la realización de bypass gástrico, como hipótesis esto se ha relacionado a la reducción de mucosa gástrica disponible para metabolizar el alcohol. Así mismo, se menciona que la mayor susceptibilidad del género femenino pudiera deberse a una menor actividad de alcohol deshidrogenasa (ADH) gástrica, resultando en una mayor concentración plasmática de etanol (4).

Existen otros factores identificados que es importante conocer y reconocer al momento de valorar un paciente en la consulta o en la emergencia y deben tenerse en cuenta, estos son:

Factores de riesgo para el desarrollo de hepatitis alcohólica

¿Qué hacer si se han descartado, todas las causas para explicar el tinte ictérico, la falla hepática y las características clínicas, paraclínicos concuerdan con una hepatitis alcohólica?

El siguiente paso es estratificar el riesgo, trabajar de la mano del equipo multidisciplinario y reconocer una hepatitis alcohólica leve o severa; para esto existen varios métodos de estratificación, el más emblemático y utilizado mundialmente es el Índice de Maddrey.

En 1978, Maddrey y colaboradores describieron la función discriminante en un estudio controlado para valorar la eficacia de los corticoides en el tratamiento de la HA (5). Este índice se basa en la bilirrubina y en la tasa de protrombina, que son dos parámetros analíticos que en todos los estudios han mostrado valor pronóstico. Este índice fue modificado en 1989, utilizando la diferencia entre el tiempo de protrombina en segundos del paciente y de un control, como predictor pronóstico.

En la hepatitis alcohólica, un resultado mayor a 32 puntos la clasifica como severa. Se mide con la siguiente fórmula:

Índice de Maddrey

Estudios prospectivos han mostrado, que el índice resulta muy útil especialmente en el pronóstico de mortalidad a corto plazo (30 días).[] Un valor superior a 32 implica una enfermedad severa y peor respuesta con un rango de mortalidad entre 35% y 45% a los 30 días de evaluación (6).[]

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