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Tu salud digestiva no sólo depende de lo que comes

Salud digestiva es prioridad para llevar una vida feliz.

Nuestro organismo también digiere emociones y pensamientos.

¿Qué pensarías si te dijese que tu salud digestiva no sólo está relacionada con lo que comes?

Qué nuestro cuerpo digiere no solo alimentos, sino también pensamientos y emociones, y estos pueden ser causante de enfermedades.

Muchas veces he tenido pacientes que sufren de “La inflamación crónica producida por la mala digestión de las emociones”, enfermedad que me gusta definir como una de las Pandemias del siglo XXI.

En este artículo te diré todo lo que debes saber de esta enfermedad y su relación con la salud digestiva.

Principalmente debes saber que, para identificar cualquier síntoma debes conocer bien la enfermedad, cómo ocurre y qué causa los problemas de salud digestiva.

¿Por qué? Te lo explico con un ejemplo:

Los síntomas son como las hojas del árbol, si nos quedamos atendiendo sólo los síntomas no resolvemos el problema, tan solo aliviamos molestias.

Por esa razón debemos recorrer las ramas, el tronco y llegar a la verdadera raíz del problema, identificar lo que pasa y ofrecer una solución definitiva.

Según el diccionario la palabra digerir significa transformar, para asimilar y producir salud, si es un nutriente.

Pero si se trata de un tóxico o nuestro organismo no está en condiciones de asimilarlo o desecharlo, puede convertirse en una enfermedad o intoxicación.

Alimentación vs Nutrición para una buena salud digestiva

Estos dos términos los escuchamos frecuentemente, pero pocas veces sabemos la diferencia que tienen o que significa realmente cada uno.

Alimentarse significa introducir alimentos, ya sean buenos o malos, a tu boca, mientras que nutrirse significa ingerir macro o micronutrientes, sustancias que son necesarias para prevenir enfermedades o sanar.

Debemos procurar que lo que introducimos en nuestro intestino, mente y corazón sean altamente nutritivos y nos conduzcan a ser felices y saludables.

Te estarás preguntando, pero ¿cómo hago para ser feliz con tantas cosas que ocurren a diario?

En este momento te aconsejaré no solo como doctora sino como una amiga.

Y es que debes saber que la felicidad no depende de lo que te pasa, sino de lo que tú haces con lo que pasa.

Una misma situación puede ser diferente para cada persona y aun para ella dependerá del momento. ¿De qué depende esto entonces?

1. Creencias limitantes: Todos tenemos patrones de referencia para ser feliz. Ideas o creencias familiares, religiosas, políticas o de la propia vida que nos definen como deberíamos ser felices, lo que nos crea expectativas externas de nuestra conducta.

2. Estado de ánimo: Altera mi interpretación de la realidad.

Si estás contento, estás menos aprensivo y por ende pasas por alto muchas cosas.

Es decir, mi estado de ánimo modifica la percepción de la realidad.

3. Sistema Reticular Activador Ascendente (SRAA): Es una zona en el cerebro, en el tallo encefálico, que filtra toda la realidad y termina enfocándose solo en lo que le interesa.

Lo que el corazón quiere sentir, el cerebro se lo termina mostrando.

Cuando buscas algo con mucha fuerza y determinación, terminas encontrándolo.

Eso es lo que frecuentemente escuchamos como “el universo conspira a tu favor”.

No obstante, hay situaciones que nos restan la posibilidad de ser felices y saludables, porque nos mantienen en estado de alerta permanente con niveles constantemente elevados de cortisol. Estas son:

  • Obsesión por aprovechar el tiempo: hace que nos llenemos de actividades y nos angustiamos por ser altamente productivo. Esto no permite que seamos capaces de parar y disfrutar del silencio o la soledad, así como de los momentos de paz y aburrimiento.
  • Necesidad de controlarlo todo: Querer controlarlo todo te lleva a un estado de incertidumbre permanente. El 90% de las cosas nunca suceden como deseamos y el adelantarse a ello nos pone en situación de alerta permanente, haciendo que nos enfermemos. Descartes gran filósofo no muy amigo de las emociones, dejó una carta antes de morir que decía, “ Mi vida estuvo llena de desgracias que nunca sucedieron”, pero lo que si fue seguro que lo hicieron innecesariamente sufrir.
  • El perfeccionismo: Es un estado de eterna insatisfacción. Actualmente está agravado por las redes sociales, que nos establecen patrones innecesarios y estresantes para muchos. El perfeccionismo puede afectar tu autoestima y genera inseguridad, haciendo que vivas en un estado de alerta permanente y a muchos nos paraliza.
  • Intoxicación de información sin filtro: Las noticias, los likes y la aprobación externa, también son unos de los factores que generan elevados niveles de alerta y estrés crónico.

Neurociencia

La neurociencia ha demostrado que todo lo que nos mantiene en un estado de alerta y estrés crónico permanente, nos conduce a la enfermedad del siglo XXI, que es la “Inflamación crónica, por mala digestión de las emociones”. Esto hace que los niveles de cortisol estén constantemente elevados, produciéndote estrés crónico y enfermedades.

Según la Universidad de Harvard, hasta el 70% de las enfermedades del siglo XXI, tienen que ver con problemas emocionales no bien resueltos.

Nuestro cerebro, mente y nuestro cuerpo, no pueden distinguir entre lo real y lo imaginario, ante una amenaza física real o un pensamiento.

Por esa razón, se activa en nosotros el mismo sistema de alerta y permanecen los niveles de cortisol elevados, que nos conducen a enfermedad.

Nuestro cuerpo en estado de alerta permanente, pierde la capacidad de relajarse y comienza a enviar señales físicas, secundarias a los niveles elevados de cortisol, por lo que el cuerpo comienza a inflamarse.

Hay que destacar que un poco de cortisol es bueno porque nos mantiene activos, además de ser un potente antiinflamatorio.

El problema surge cuando se tiene niveles elevados permanentemente, debido a que se produce una disociación entre el mensaje de alerta y el mensaje del sistema inmunológico, haciendo que, en vez de activarse el sistema antiinflamatorio, se comience a inflamar, produciendo gastritis, colitis, dermatitis, artritis… en fin, todas las “itis”.

¿Por qué ocurre esto?

Porque al estar en modo alerta, mi digestión no se realiza bien.

Si vivo en ese modo de alerta constante se producen cambios en las secreciones intestinales, en la producción de enzimas, movimientos intestinales se aceleran o desaceleran y se producen lesiones en el estómago y el intestino.

Todo eso hace que se comience a absorber tóxicos no favorables, que además de inflamar el intestino y producir un intestino permeable, pasan a la sangre al hígado y al resto del organismo.

Tu buena o mala digestión de alimentos, emociones y pensamientos, dependerá de cómo te tomes y cómo actúas ante las diferentes situaciones.

Tú eres el único responsable para decidir si éstas te harán feliz y saludable o te harán triste y enfermo.

Recuerda que la medicina no es solo dar medicamentos, la salud se obtiene a través de nutrientes adecuados (alimentos, emociones y pensamientos saludables).

Los síntomas como el dolor y la inflamación son una manera de expresar lo que tu cuerpo, corazón y mente no quieren escuchar.

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