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Si mi hígado hablara

Por MSc. Maria Bagliery
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La capacidad del ser humano de comunicarse por su condición de elaboración lingüística, supera la de los animales y le confiere la supremacía de la racionalidad entre todos los seres creados. Imagínense lo que diría el hígado, en especial después de un fin de semana de farra.

El habla, esa facultad de producir expresiones lingüísticas a través del aparato fonador, les permite relacionarnos con los otros individuos y con el mundo que los rodea en general, capaces de expresarnos como individuos.

Sin embargo, los órganos no poseen cada uno un aparato fonador. Su comunicación se produce según el resultado de su funcionamiento.

Si todo está funcionando bien, el mensaje es el bienestar mismo. Si algo anda mal o regular, el órgano recurre al malestar, dolor o cualquier síntoma que alerte o llame la atención de la persona.

Si el hígado hablara

Con respecto al hígado, se pudiese decir que es un poco anónimo, a pesar de la gran importancia que posee dentro del sistema. Los órganos “estrellas” de las conversaciones, de las dietas, de la publicidad de los fármacos, son entre otros: el estómago (hablamos de dolor de estómago, cólicos, diarrea, vómitos, náuseas); el corazón ( “tiene la tensión alta”, “tengo taquicardia”, “me duele el pecho”, “se me iba salir el corazón”, “tengo una opresión”) ; el cerebro (“me duele la cabeza”, “le dio un ACV”, “tengo un mareo”); la garganta (“me duele la garganta, “estoy ronco”).

Del hígado y sus síntomas hablamos poco, quizás por desconocimiento de sus funciones o porque cuando “él” se decide a “hablar” (sintomatología) es porque está en serios apuros.

Si imaginásemos que tu hígado pudiese hablar, probablemente te diría :

  1. Que está ahí también como parte de ese sistema que Dios te dio, conformado por todos los órganos que mantienen tu vida. Que desea que tomes conciencia de él y que también quiere ser órgano “estrella”.
  2. Que es uno de los órganos más importantes de tu actividad metabólica y de desintoxicación. Que todo lo que ingieres pasa por él.
  3. También te agradecería por las veces que te has alimentado bien, que no has abusado, que te has cuidado.
  4. Te pediría que asumas nuevos estilos de vida, que incluyan alimentación, ejercicio y hábitos saludables en general. Que te preguntes si es necesario que sigas comiendo lo que tienes años comiendo y que sabes que no es saludable, pero que por cultura gastronómica, por placer, porque está de moda o porque “así comemos en mi casa y así me acostumbré” continúa siendo parte de un círculo vicioso. Te diría que ya creciste y puedes elegir con libertad y fuerza nuevas opciones más saludables hasta que se conviertan en hábitos de vida.
  5. Quizás también te comentaría acerca de esas emociones y sentimientos como la ira, el odio, el resentimiento, a las que tu sistema digestivo es particularmente susceptible y que te cuesta afrontar o manejar.
  6. Te prevendría acerca del alcohol y otras drogas porque para cuando éstas lo hayan dañado, ya antes habrán trastornado tu estado de ánimo, alterado ciertos circuitos cerebrales, tus relaciones de familia, pareja, amigos, trabajo y te habrán robado poco a poco tu esencia de ser feliz.
  7. Quizás también te diría que no te auto mediques y abuses de fármacos a menos que los necesites para él u otros órganos colegas.
  8. Por último, te daría la buena noticia, que él tiene la capacidad de auto regenerarse y que aún estás a tiempo para realizar esos cambios que sólo tú sabes… Que está esperando con emoción por ellos y que como todos los órganos te ama y está dispuesto a seguir trabajando para ti.

¿Y si hoy tu hígado hablara, que más te diría? ¡Atiéndelo!

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