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Enfermedad Inflamatoria Intestinal. Un diagnostico que asusta.

Por Dra. Maribel Lizarzábal García
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Isabel Bracho

Alrededor del año 1997 sufrí (separadas por meses) unas 3 o 4 crisis de dolor abdominal agudo alrededor de la mitad de mi estómago. Yo lo consideraba episodios de una gastritis severa que me llevaron a la emergencia del hospital una noche.  A la mañana siguiente, fui examinada por la doctora Maribel Lizarzabal. Recuerdo su cara cuando me solicitaba qué le indicara con exactitud el sitio donde me dolía. Hoy creo que ese día ella ya tenía el diagnóstico. Se me practicaron los exámenes de rigor y llegó la noticia: una enfermedad inflamatoria intestinal de origen auto-inmune (Enfermedad de Chron), cuyas “victimas” solían ser personas jóvenes, estresadas, de religión judía, etc. No puedo afirmar que mi vida en ese momento podría definirse como una vida ansiosa, lo que sí recuerdo con mucha claridad es que al salir de la endo-colonoscopia la doctora Maribel me expreso que durante esa sesión de sedación yo había manifestado mucha inquietud, temores, tristeza, llanto y afines y me invitó a revisar a conciencia mi estado de ánimo. Hoy día no puedo pensar que la maternidad (tres hijos en 4 años) hubiese podido desencadenarse tales sucesos de ansiedad, pero lo que sí es cierto es que, si estaba ansiosa, no estaba consciente de ello, la doctora me invito a revisarme y asumir una actitud diferente ante a vida.

Aceptar la realidad no era fácil, como no lo fue el diagnóstico, ya que la principal característica de esta enfermedad es la diarrea y yo nunca le había padecido. Comencé  una investigación paralela a mi proceso de negación. Conocí entonces el poder de mi mente: un día leí que los enfermos podían presentar una especie de “picor” o alergia en la piel y de manera casi instantánea comencé a rascarme de tal forma que me salieron ronchas en diversas partes del cuerpo. La noche siguiente leí que podían hincharse los labios y al despertar ya tenía mi labio superior como si me hubiese picado una avispa. Lógicamente rebaje alrededor de 5 kilos en 2 meses, porque también lo leí y lo demás ya es historia.

El tratamiento consistía en una pastilla de nombre Asacol, qué debía comprar fuera del país, razón por la cual decidí corroborar mi diagnóstico en los Estados Unidos, con el doctor Edward Feller al salir de mi procedimiento de gastroscopia y colonoscopia sonrío, diciéndome que yo tenía uno de los intestinos más sanos que él hubiese visto y que sólo había tomado la biopsia por descarte. La celebración fue absoluta, pero duró una semana hasta que se tuvo el resultado de la biopsia, confirmando el diagnóstico realizado en Venezuela por la doctora Maribel Lizarzábal. Regresé a mi país con cargamento de pastillas y comencé mi tratamiento. Las indicaciones decían que debía tomar 2 pastillas tres veces al día, pero al percatarme de las contraindicaciones y en vista de que me sentía muy bien, comencé tomando 3 pastillas al día. No recuerdo molestias particulares en relación con el Asacol, sólo que me recordaba que estaba enferma y la extraña relación de este tipo de enfermedades con el cáncer.

Con la tristeza oculta comencé de nuevo mi vida, hubo nuevos planes y faenas de trabajo qué ocuparon mi mente, retos y triunfos familiares y profesionales y la convicción de que estaban muy chiquitos esos niños para yo estar enferma. Comencé por iniciativa propia a distanciar las pastillas y al cabo de 4 meses deje de tomarlas. No sentí ninguna diferencia.

Las dietas indicadas para ese tipo de enfermedad excluyen, particularmente, los lácteos, picantes y comidas pesadas. La verdad yo como de todo y nunca dejé de hacerlo. No soy una persona sedentaria, pero tampoco vivo en un gimnasio.

Han pasado alrededor de 18 años desde que fui diagnosticada y estoy en completa y absoluta REMISIÓN, a pesar de que los años siguientes si experimente situaciones de verdadero estrés y conflictos difíciles de superar. No me atrevería a decir que ahora manejó mis emociones mejor, eso es un juicio difícil, simplemente me siento sana y así quiero vivir, comiendo lo que me gusta y eso hago, a menos que esté en un régimen dietético para bajar de peso, hago una hora de ejercicio diario con algunos intervalos, consumo alcohol de manera social y fumó un promedio de 4 cigarrillos diarios. Lamento estos hábitos que me producen episodios verdaderos de gastritis (jajaja) como cualquier ser humano.

Reconozco sí, que durante estos años he sentido temores, algunas noches me pregunto si me duele, pero he concluido que no. Soy una mujer muy ocupada y suelo vivir enamorada de las cosas que aprendo y hago. Creo en Dios y confié en él, mi intestino, mi estrés y mi vida y gracias a El, deje de llorar, no recuerdo cuándo, pero hace mucho tiempo.

Producto de esta historia obtuve y conservó una hermosa amistad con la doctora Lizarzabal, con quien eventualmente comparto momentos profundos y cómplices y sólo ese vínculo me ha dado la valentía de escribir estas letras, que espero sirvan de aliento a aquellos que estén pasando por un proceso semejante y que contribuya a sus incansables estudios y aportes.

Comentarios @higadosano: En esta vida tan acelerada que vivimos nos acostumbramos a vivir con niveles de ansiedad muy altos, tóxicos para nuestra salud y no nos damos cuenta, de hecho lo consideramos como normal, hasta que nos sorprende una enfermedad, porque “el cuerpo habla lo que la mente calla”. Con frecuencia observamos que los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, tienen antecedentes de problemas emocionales de ansiedad, depresión y estrés y no lo reconocen al inicio, pero cuando lo identifican comienzan a dar una orientación y cambio del rumbo de su vida y su enfermedad. Tal como lo hizo Isa. ¡FELICITACIONES!

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