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Obesidad e hígado graso: ¿cómo se inicia todo?

Por Dra. Raquel Cano
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La esteatosis hepática, también conocida como “hígado graso”, se caracteriza por la acumulación en el hígado de ácidos grasos en forma de triacilglicéridos, provenientes del tejido adiposo. Esto ocurre en condiciones cuando hay insulinorresistencia y dislipidemia (1)(2).

Lipotoxicidad y progresión a hepatitis

La disfunción del tejido adiposo origina infiltración de macrófagos que inducen la producción de proteínas proinflamatorias como las adipocinas que modifican la lipolisis y lipogenesis hepática que origina ectopia de grasa en el hígado (3).

Esta acumulación se considera ectópica, debido a que solo deberían acumularse en el tejido adiposo, que es el órgano que si tiene la capacidad tanto de espacio como enzimática, de almacenar los ácidos grasos en forma de triacilglicéridos (4).

El hígado, aunque produce los ácidos grasos (lipogénesis), no tiene ni el espacio ni la capacidad enzimática para almacenarlos, ya que solo almacena la glucosa en forma de glucógeno. Por estos motivos, normalmente el hígado después que produce los ácidos grasos, los exporta a la sangre en forma de VLDL (fracción del colesterol total) que llega luego al tejido adiposo donde deposita los ácidos grasos (4).

La insulina es una hormona que se libera del páncreas después de la ingesta de alimentos (postprandial) y que se encarga de almacenar biomoléculas simples en formas complejas, como por ejemplo la glucosa en forma de glucógeno en el músculo y en hígado y los ácidos grasos en forma de triacilglicéridos en el tejido adiposo (1).

La acumulación de grasa hepática causa lipotoxicidad con progresión a esteatohepatitis y cirrosis hepática. En la progresión de la esteatosis hepática, se ha propuesto que la obesidad, dislipidemia, diabetes y excesos en la ingesta de de grasa como el primer paso determinante en la acumulación hepática de grasa hepática(5). Un segundo paso es ocasionado por la lipotoxicidad y estrés oxidativo causantes del daño hepático y progresión a esteatohepatitis (inflamación y necrosis hepática) y cirrosis (6).

Obesos metabólicamente sanos

Hay pacientes obesos en los que podemos encontrar resistencia a la acción de la insulina con alteración en el perfil lipídico (colesterol total y sus fracciones: HDL-C, LDL-c, VLDL-c y triacilglicéridos) y en otros que no, conocidos como obesos “metabólicamente sanos”. Esto va a depender de la capacidad de almacenamiento de ácidos grasos en forma de triacilglicéridos que tenga el tejido adiposo, lo cual es proporcional al aumento de peso: mayor capacidad de almacenamiento y mayor incremento de peso. Por estos motivos, hay pacientes con sobrepeso y alteraciones metabólicas y otros pacientes con obesidad más severa sin alteraciones metabólicas. En el momento en que la capacidad de almacenamiento se agota, es cuando se pueden encontrar las alteraciones metabólicas como hiperinsulinemia resistencia a la acción de la insulina y alteraciones en el perfil lipídico, como triacilglicéridos y colesterol total elevados y HDL-c bajo (7).

Resistencia a la insulina y riesgo de hígado graso

Si la insulina no puede actuar adecuadamente, comienza a predominar la acción de las hormonas contrainsulínicas, como el cortisol, el glucagón y la adrenalina. Estas hormonas se encargan de degradar en lugar de almacenar, por lo que los triacilglicéridos almacenados en el tejido adiposo se degradan a formas más simples a ácidos grasos, que salen a la sangre y llegan a otros órganos, como el hígado. Esto, aunado a una dieta rica en grasas y carbohidratos y el hecho que ya el tejido adiposo perdió su capacidad de almacenar las grasas, hace que toda esa sobreoferta de ácidos grasos llegue al hígado y se almacenen, iniciándose así el hígado graso(8).

De esto podemos inferir, que es necesario disminuir la sobreoferta de ácidos grasos al organismo provenientes del exceso de carbohidratos, y una de las formas es iniciando una dieta saludable, proporcionada y haciendo actividad física que ayudará a mejorar la insulino-resistencia tanto en el adipocito como el músculo(9).

Referencias Bibliográficas

  1. Gaggini M, Morelli M, Buzzigoli E, DeFronzo RA, Bugianesi E, Gastaldelli A. Non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD) and its connection with insulin resistance, dyslipidemia, atherosclerosis and coronary heart disease. Nutrients 2013;5(5):1544-60.
  2. Puri P, Wiest MM, Cheung O, Mirshahi F, Sargeant C, Min H-K, et al. The plasma lipidomic signature of nonalcoholic steatohepatitis. Hepatol Baltim Md 2009;50(6):1827-38.
  3. Bugianesi E, McCullough AJ, Marchesini G. Insulin resistance: a metabolic pathway to chronic liver disease. Hepatol Baltim Md 2005;42(5):987-1000.
  4. Blundell JE, Dulloo AG, Salvador J, Frühbeck G, EASO SAB Working Group on BMI. Beyond BMI–phenotyping the obesities. Obes Facts 2014;7(5):322-8.
  5. Lehmann R, Franken H, Dammeier S, Rosenbaum L, Kantartzis K, Peter A, et al. Circulating lysophosphatidylcholines are markers of a metabolically benign nonalcoholic fatty liver. Diabetes Care 2013;36(8):2331-8.
  6. Mei S, Ni H-M, Manley S, Bockus A, Kassel KM, Luyendyk JP, et al. Differential roles of unsaturated and saturated fatty acids on autophagy and apoptosis in hepatocytes. J Pharmacol Exp Ther 2011;339(2):487-98.
  7. Kalhan SC, Guo L, Edmison J, Dasarathy S, McCullough AJ, Hanson RW, et al. Plasma metabolomic profile in nonalcoholic fatty liver disease. Metabolism 2011;60(3):404-13.
  8. Yki-Järvinen H. Non-alcoholic fatty liver disease as a cause and a consequence of metabolic syndrome. Lancet Diabetes Endocrinol 2014;2(11):901-10.
  9. Kechagias S, Ernersson A, Dahlqvist O, Lundberg P, Lindström T, Nystrom FH, et al. Fast-food-based hyper-alimentation can induce rapid and profound elevation of serum alanine aminotransferase in healthy subjects. Gut 2008;57(5):649-54.

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